Las grandes tecnológicas quieren que cada persona tenga un agente de IA personal capaz de gestionar correos, compras, calendarios y otras tareas. Pero para hacerlo necesita acceder a información muy sensible.
Cuanto más útil es la IA, más datos personales necesita. Los agentes de SI personales locales ofrecen mayor control, pero exigen conocimientos de seguridad; los que funcionan en la nube requieren confiar en las empresas que custodian los datos.
El futuro de la IA dependerá de cuánta privacidad estemos dispuestos a sacrificar
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